Depresión post-vacacional

Mi padre me ha dicho al volver que en realidad todo esto de estar en Belfast ha sido como unas vacaciones, a pesar de haber estado trabajando en una empresa y haber tenido que lidiar con las tareas domésticas. Y como "vacaciones", al terminarlas he caído en un estado de melancolía, no realmente depresión, pero si de recuerdos recientes y añoranza.

Para una óptima lectura de este artículo, reproducir esta canción:

Ahora mismo, si cierro los ojos, puedo moverme perfectamente, sin mucho esfuerzo, por el apartamento en el que vivíamos. Despierto en mi cama, y puedo escuchar claramente a la gente por la ventana que da al patio central. Voces que llegan muy claras. La que más se oye es la voz de Ana, con ese timbre tan característico (y volumen). Me miro en el espejo en ese armario que casi se me cae encima en una ocasión. Sin embargo, el cristal no refleja imagen alguna. Abro la puerta de mi dormitorio y casi me choco con Jose, que se dirige a su cuarto. Esperaba un habitual golpe en la espalda y un familiar "¿Qué pasa, Rubencillo?", pero continúa silencioso hasta el fondo del pasillo. Me asomo al comedor-cocina para pillar una cerveza del frigo. Sí, una Guinness bien fresca. Sin embargo, al tocar la lata, no noto ningún frescor, como si estuviera a la misma temperatura que mi cuerpo, aunque tampoco está caliente. Miro a Antonio para decirle algo, pero está frente al ordenador con los auriculares puestos, de espaldas, y parece no oírme. Decido bajar a ver que hacen las niñas, y antes de abrir la puerta, se abre ella sola, o más bien porque Hermi está entrando a mi piso. El encontronazo parecía que iba a ser desastroso, pero ella pasa por mi lado sin tocarme siquiera. Salgo por fin a las escaleras, y como la puerta del 7 está abierta, oigo perfectamente hablar a María y Maria José. Intento descubrir qué dicen, pero por algún motivo no las entiendo. ¿Quizá hablan un inglés demasiado avanzado para mí? Centrado en no tropezarme con Henry, que está en medio de las escaleras, inicio el descenso al piso de abajo. Sube entonces Tere, e inmediatamente la felicito por la tarta del día anterior. No me contesta. ¿Estará harta de que sólo le preguntemos por sus tartas? Toco al apartamento 4 de forma bastante sonora, con la mano abierta. Espero unos 30 segundos, y justo cuando iba a tocar otra vez, oigo una puerta abrirse dentro y la voz de Isa "¿Es que han tocao?". Abre entonces la puerta principal y enseguida saludo yo alegremente. Sin embargo, Isa se queda mirando a través de mi, con la cabeza inclinada a un lado y una expresión de confusión en su cara. Seguidamente cierra la puerta. Me quedo encogido de hombros y entonces me giro 180º para tocar en el 5. Teniendo el puño levantado dispuesto a tocar, la puerta se abre, dejando pasar a Ana que se dirige al apartamento 4. Como se deja la puerta abierta, veo pasar a Virgi por el pasillo y oigo la voz de Toñi que la llama. Aunque Virginia se queda claramente mirando fuera del apartamento, prosigue sus pasos hacia el interior de su vivienda. Aprovechando que vuelven a abrir la puerta del 4 para dejar paso a Ana, me cuelo yo también en el piso. Dentro están Rocío e Isa cada una con su manta, a pesar de que a través de las ventanas se deja entrever un día claramente soleado y caluroso. Identifico perfectamente sus expresiones, que van cambiando según lo que les va contando Ana, que son muchas cosas. Intento meterme en la conversación aprovechando una pausa en su diálogo, pero a pesar de haber hablado bastante alto y claro, las niñas parecen ignorarme. Harto de la escasez de atención, decido visitar a los alemanes. En el momento de levantarme, Mar hace su aparición. Le intento poner la mano en el hombro para llamar su atención, pero traspaso su brazo como si de un holograma se tratara. Ya enfadado por la situación, salgo corriendo al rellano, y a través del resquicio entre escaleras vislumbro a Jesús y Laura, que están saliendo del bloque. Empiezo a bajar los escalones a trompicones, pero tropiezo con el 4º escalón. Mi lata de cerveza salta por los aires y me acompaña enseguida en el descenso hacia un infinito vacío. Luego abro los ojos y estoy de nuevo en mi cuarto de Baza. Esta narración bien podría tratarse de un sueño recurrente.

Etiquetas: depresión piso

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